La naturaleza búdica

Quienes desean la liberación se esfuerzan por comprender la Gran Vía Central de la verdad perfecta, libre de los extremos de la exageración y la denigración. ¿Cómo se puede comprender? La naturaleza búdica que existe como la base es como una joya cubierta con el lodo de las impurezas.

Al lavarla con la corriente de la visión, la meditación, y la conducta se actualiza el resultado de la forma de la verdad (dharmakaya) que exhibe las dos purezas, la joya sin manchas, y todo cuanto es beneficioso para nosotros y los demás se encuentra espontáneamente presente.  

Aunque la naturaleza búdica de la forma de la verdad (dharmakaya) de la base y la naturaleza búdica de la forma de la verdad (dharmakaya) del resultado no tienen diferencia alguna en su esencia, se distinguen como base y resultado debido a la presencia o ausencia de impurezas incidentales, como cuando un mismo cielo está o no libre de nubes.  

—Kunchen Dolpopa, Una instrucción

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“Hice de sus costumbres mis costumbres.”

Al predicar el Dharma, no hay motivo para utilizar un idioma privilegiado. Lo que es preciso es que el sentido y el razonamiento no sean deficientes. Es necesario predicar de acuerdo al entendimiento de quienes escuchan. Bien se ha dicho que debemos amoldarnos a las costumbres de las distintas tierras. 

—Buddha Shakyamuni, Vinayamatrika

 

Al acercarme a varias grandes asambleas, incluso antes de tomar asiento y comenzar a predicar, hice de sus costumbres mis costumbres, y adopté su idioma. Les complací con el discurso del Dharma; lo hice aceptable a sus oídos; les inspiré, les deleité. 

—Buddha Shakyamuni, Digha Nikaya

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¡Gracias, Madre!

Por darme vida, protección y sustento,

por darme educación y confianza,

por animarme y por secar mi llanto,

por enseñarme bondad y compasión,

por ser ejemplo y meta,

por ser todos y todo,

¡gracias, Madre!

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Errores

Podemos aprender de todas nuestras acciones, bien sean positivas, negativas, o neutrales, si nos mantenemos atentos —es decir, si observamos sin apasionamiento los procesos mentales que nos condujeron a tomarlas, el acto de realizarlas, y sus consecuencias. 

La clave es observar sin apasionamiento. Cuando obtenemos resultados aparentemente favorables, si desarrollamos orgullo nos cegaremos a la totalidad de la experiencia, y especialmente a la colaboración de innumerables seres a este éxito. 

Cuando obtenemos resultados aparentemente desfavorables, si desarrollamos un sentido de culpabilidad perderemos la perspectiva, limitaremos nuestras opciones, y nos ubicaremos en una situación propicia a la repetición de errores.  

La culpabilidad por decisiones pobres o malas no produce claridad, puesto que repetidamente nos conduce a comparar la situación actual con un pasado idealizado o un proyecto de futuro. Ninguno de los dos existe. No son referencias adecuadas para la toma de decisiones. 

Si bien una decisión anterior puede haber sido correcta o incorrecta, los únicos datos relevantes son los que podemos obtener ahora mediante la percepción directa y la inferencia. Los sentimientos de culpa no adelantan, y más bien dificultan, ese proceso. Confunden el juicio, y ocasionan dudas sobre nuestra capacidad para tomar decisiones. 

Estamos aquí ahora, en esta situación. ¿Qué opciones existen aquí? ¿Qué opciones existen en otro lugar? ¿Cuál es el mejor curso de acción ahora? ¿Cómo tomamos buenas decisiones en este momento y en este lugar?   

Los errores no nos amarran, pues siempre podemos corregirlos. Es cierto que debemos vivir con las consecuencias de todos nuestros actos, pero es de este modo que desarrollamos claridad y descubrimos patrones en nuestro comportamiento —las bases de una buena toma de decisiones.

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El fortín de la duda

Bien sea que vayas o vengas, te sientes, o te acuestes, 

el mundo entero es tu propio ser.

Debes determinar si las montañas, los ríos, la hierba, y los bosques 

existen en tu mente o existen externamente.

Investiga las diez mil cosas, examínalas minuciosamente, 

y cuando hayas llevado este análisis a su límite 

alcanzarás lo ilimitado— 

cuando en tu búsqueda llegues al final de la búsqueda, 

donde el pensamiento no puede avanzar más y las distinciones desaparecen.

Cuando conquistas el fortín de la duda,

entonces tú mismo eres el Buda.

—Daikaku

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La iluminación

La iluminación es como la luna reflejada en el agua.

La luna no se moja, ni el agua se estorba.

Aunque es brillante y enorme,

la luna se refleja en un charco minúsculo.

La luna entera y todo el cielo

se reflejan en una gota de rocío sobre la hierba.

—Dogen

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Frente a la puerta

El bien y el mal no tienen naturaleza propia; 

lo sagrado y lo profano son etiquetas vacías; 

frente a la puerta está la tierra de la tranquilidad y el silencio; 

la primavera llega, y la hierba crece por sí sola.

—Seung Sahn

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Nada que alcanzar o renunciar

No necesitas hacer nada con la mente;

sencillamente permite que descanse en su naturaleza esencial.

Tu propia mente, sin agitación, es la realidad.

Medita así sin distracción.

 

Conoce la verdad más allá de las contradicciones.

Los pensamientos son como burbujas que surgen y se desvanecen en agua clara.

Los pensamientos no son diferentes de la realidad absoluta.

Relájate; no hay necesidad de censurar.

 

Cualquier cosa que surja, cualquier cosa que ocurra,

sencillamente no te apegues; déjala pasar.

Lo que ves, oyes, y tocas es tu propia mente.

No hay otra cosa.

 

La mente trasciende la vida y la muerte.

La esencia de la mente es el conocimiento puro que nunca se separa de la realidad,

aún cuando experimenta los objetos de los sentidos.

En la ecuanimidad del absoluto, no hay nada que alcanzar o renunciar.

—Niguma

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El final del afán

Travesé muchas vidas

sin recompensa ni descanso,

buscando al constructor de hogares.

Doloroso es el nacimiento, una y otra vez.

 

¡Te he hallado, constructor!

No levantarás otro hogar jamás.

Las vigas están rotas,

el caballete destruido.

 

Dejando atrás las formas,

la mente alcanza el final del afán. 

—Buda Sakyamuni, en el instante de su iluminación

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Prejuicios

Así como sólo el poder del sol disipa la bruma

y nada más,

el poder del conocimiento despeja los prejuicios.

No hay otro modo de disiparlos.

Reconócelos como sueños infundados.

Reconócelos como burbujas efímeras.

Reconócelos como arcoíris sin sustancia.

Reconócelos como espacio indivisible.

— Milarepa

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