INSTRUCCIÓN SOBRE EL SUTRA DE AMITAYUS
Texto del Maestro Vasubandu, traducido del sánscrito durante la dinastía Wei Norte por el Maestro Bodhiruchi
Oh Bienaventurado, con el pensamiento recogido,
me refugio en el Tathagata de Luz Infinita,
Quien brilla en las diez direcciones,
y aspiro a renacer en la Tierra Pura de la Paz y el Jubilo. (1)
Cuando contemplo la naturaleza de esa Tierra Pura,
observo que sobrepasa todo estado de existencia en los tres mundos.
Es como el espacio, vasto y sin límite. (3)
Ha surgido de la gran compasión inherente al sendero
y de la raíz del bien supramundano.
Completamente irradia su luz pura,
como un espejo, o el sol, o la luna. (4)
Joyas preciosas le informan
Y adornos exquisitos le distinguen.
Su luz pura y ardiente es brillante y serena,
e ilumina el mundo entero. (5)
Ornamentos preciosos, suaves y maleables como hierbas
se inclinan a derecha e izquierda.
Producen deleite en quien los toca,
superior al producido por la más suave hierba. (6)
Miles de variedades de joyas florecidas
yacen en los estanques, fuentes, y riachuelos.
Cuando una brisa suave hace temblar las flores y las hojas,
los reflejos de luz se entrelazan y brillan en todas partes. (7)
Los palacios y torres ofrecen
vistas sin obstrucción en las diez direcciones.
Hay árboles multicolores, rodeados de vallas preciosas. (8)
Hay mallas bordadas con innumerables joyas
tendidas de un lado a otro del cielo.
El sonido de varios tipos de campana
proclama el mensaje del excelente Dharma. (9)
Llueven flores magníficas y hermosas telas
e innumerables variedades de incienso perfuman por doquier.
La sabiduría del Buda es pura y brillante como el sol;
disipa las tinieblas de la ignorancia en todo el mundo. (10)
El Santo Nombre ilumina los seres aquí y allá;
es sutil y maravilloso, y se escucha en las diez direcciones.
Amitayus sostiene firmemente esta Tierra,
el Iluminado, el Rey del Dharma. (11)
Coros de sabios en forma de flores puras rodean al Tathagata—
nacidos allí, transformados en el interior de la Flor de la Iluminación.
Disfrutan el sabor del Dharma,
tomando la concentración y la meditación por alimento. (12)
Eternamente libres de aflicciones mentales y corporales,
siempre gozan de placer ininterrumpido.
En este reino de la Bondad del Mahayana todos los seres son iguales,
y ni siquiera se escuchan los nombres de quienes carecen de mérito. (13)
Los sensualistas, los tarados y deformes,
y aquellos que cultivan las semillas de los Dos Vehículos inferiores
no nacen en esta Tierra.
Toda aspiración de los seres conscientes allí se cumple. (14)
Por esta razón aspiro a nacer
en la Tierra Pura del Buda Amitayus.
Sentado sobre el pedestal de una excelente y pura flor de loto
el Buda se adorna con bellos tesoros infinitos. (15)
Sus excelsos rasgos físicos brillan más allá de una braza;
Su Forma incomparable es superior a la de otros seres.
La magnífica voz del Tathagata, como la de Brahma,
se escucha en las diez direcciones. (16)
Como la tierra, el agua, el fuego, el viento, y el espacio,
el Buda no genera pensamientos parciales.
Los seres celestiales y humanos, inamovibles en sus logros espirituales,
surgen del océano de la sapiencia pura. (17)
Como el Monte Sumeru, el rey de las montañas,
Amitayus es supremo, magnífico, e incomparable.
Los seres celestiales y humanos valerosos
Le alaban, honran, y contemplan con adoración. (18)
Cuando vislumbro el poder de la Promesa Cardinal del Buda,
hallo que quienes la aceptan no lo hacen en vano:
rápidamente alcanzan el gran mar del tesoro del mérito. (19)
La Tierra de la Paz y el Júbilo es pura y serena.
El Buda siempre versa la perfecta Rueda del Dharma;
Budas y Bodhisatvas iluminan el mundo entero como el sol,
permaneciendo incólumes como el Monte Sumeru. (20)
La luz pura y gloriosa de los Bodhisatvas,
en un relámpago del pensamiento, y simultáneamente,
ilumina a todos y cada uno en la asamblea del Buda
y transfiere mérito a multitudes de seres. (21)
Los Bodhisatvas manifiestan instrumentos de música celestial, flores,
atuendos, incienso fino, y ofrendas perfectas para adorar los Budas.
Alaban y ensalzan los méritos de los Budas sin parcialidad alguna. (22)
Si existe algún mundo en el universo
sin el tesoro del mérito del Dharma,
los Bodhisatvas resuelven nacer allí
y predicar el Dharma como Budas. (23)
Escribo estas líneas y compongo versos
con la aspiración de ver al Buda Amitayus
y, junto a todos los seres,
renacer en la Tierra Pura de la Paz y el Júbilo. (24)
