Las emociones son nuestras

Hemos desarrollado tendencias durante ésta y otras vidas que nos predisponen a manifestar estados mentales habituales. Una vez establecidas estas tendencias, en el instante en que percibimos personas, objetos, o situaciones, inmediatamente generamos una sensación de agrado, desagrado, o neutralidad. 

Ya que la naturaleza de la mente es analítica (es decir, que distingue y separa los componentes de toda experiencia), procede a identificar y aislar las cualidades que asociamos con las sensaciones de agrado, desagrado, o neutralidad, exagerando de este modo esas cualidades y favoreciendo el que se produzca y sostenga una emoción aflictiva. 

Aún cuando pensamos que las emociones guardan una relación directa (e incluso son producto de) personas, objetos, o situaciones particulares, la realidad es que sólo son eventos mentales internos. Nuestras tendencias habituales dirigen la atención a los objetos externos que las afirman, y mientras continuemos obedeciendo ese ímpetu, las emociones se alimentan y sustentan. 

Sin embargo, si observamos la emoción directamente, se auto-libera, y cesa de ejercer poder. La clave reside precisamente en cambiar el foco de atención y observar la emoción en sí, en lugar de sus objetos externos.   

En el instante en que observamos la emoción propiamente (y no su alegada causa), es evidente que no tiene un fundamento real. Simplemente la hemos imputado y proyectado sobre una persona, objeto, o situación externa, pero la emoción es completamente nuestra.  

Mientras más observamos las emociones aflictivas, menos poderosas son, y más rápidamente desaparecen. Si se me permite personalizar las emociones un momento, al exponer su timo, su trampa, se retiran abochornadas. 

Pues bien, si las emociones son proyecciones e imputaciones, ¿que son en sí mismas? Al igual que el frío no existe propiamente, y es sencillamente la ausencia de calor, estas emociones aflictivas son solamente la ausencia de diferentes aspectos específicos del conocimiento primordial puro.  

El apego es la ausencia del conocimiento penetrante, la aversión del conocimiento impasible, la indiferencia del conocimiento de la talidad, el orgullo del conocimiento de la igualdad, y la envidia del conocimiento hábil.  

Cuando observamos directamente las emociones aflictivas, ya que son meras ausencias, percibimos sus bases reales, aunque sea por un instante. Por eso podemos reconocerlas como lo que son: vacuidades.

Acerca de Tashi Nyima

I am a Dharma student, and aspire to be a companion on the path. I trust that these texts can offer a general approach and basic tools for practicing the Buddha's way to enlightenment. ||| Soy un estudiante del Dharma, y aspiro a ser un compañero en el sendero. Espero que estos textos ofrezcan a algunos un mapa general y herramientas básicas para la práctica del sendero a la iluminación que nos ofrece el Buda.
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2 respuestas a Las emociones son nuestras

  1. valvarez8 dijo:

    Magníficas enseñanzas. Muchas gracias. De pronto he encontrado significados profundos y reveladores en ellas!

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