El filósofo y el barquero

Los tres giros de la Rueda del Dharma son los tres periodos de las enseñanzas del Buda, durante los cuales enfatizó distintos aspectos. El primer giro (durante el cual presentó las cuatro verdades nobles y el sendero óctuple) examina las causas y los efectos, la acción y la reacción —el karma. El segundo giro examina la vacuidad —es decir, que nuestras percepciones son elaboraciones conceptuales, sin existencia independiente. El tercer giro reconoce la naturaleza iluminada de todos los seres, la esencia búdica, que es la realidad absoluta. 

Uno puede estudiar exhaustivamente los tres giros de la Rueda del Dharma, pero ésta es su esencia: (1) mientras participemos de la dualidad, debemos observar cuidadosamente la ley de la causa y el efecto, evitando hacer el mal y cultivando el bien; (2) debemos comprender que las percepciones son más indicativas de nuestra perspectiva que de una pretendida realidad objetiva, y por tanto debemos cultivar la paz y la claridad, purificando la mente de errores innatos y aprendidos; y, (3) reconociendo la naturaleza búdica de todos los seres, debemos desarrollar confianza serena y gran júbilo en el mérito y la sabiduría del Buda, que él dedica libremente a todos y cada uno de nosotros. 

No tiene por qué haber complejidad alguna. Las disquisiciones filosóficas extensas sólo son necesarias cuando sentimos apego por los errores conceptuales. Si aceptamos las enseñanzas, entonces sólo debemos practicar con confianza serena.  

Hay una historia muy instructiva sobre un gran filósofo que viajaba en una barca para cruzar el río. El filósofo preguntó al barquero: “¿Conoces la doctrina de los cuatro componentes esenciales del karma positivo, negativo, neutral, determinante, y condicional?” El barquero replicó “No”, y el filósofo sentenció: “Entonces, temo que has desperdiciado una tercera parte de tu vida.” 

Nuevamente, el filósofo preguntó: “¿Conoces la doctrina de los doce eslabones del origen dependiente?” El barquero confesó que no la conocía, y el filósofo una vez más sentenció: “Entonces, temo que has desperdiciado dos terceras partes de tu vida.” 

Cuando el filósofo se proponía preguntar al barquero si éste comprendía la doctrina de la vacuidad intrínseca, comenzó a soplar un viento implacable, y las olas golpeaban la pequeña barca con fuerza. El barquero preguntó al filósofo: “¿Sabe usted nadar?” El filósofo respondió que no sabía, y el barquero comentó, con gran tristeza: “Entonces, temo que ha desperdiciado usted su vida entera.”  

Es preferible conocer lo esencial, y practicar lo poco o mucho que sabemos, que estudiar muchas doctrinas a fondo, pero carecer de la práctica imprescindible. 

No hay por qué preocuparnos. La iluminación es nuestra naturaleza, nuestra herencia. 

om amideva hrih

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Acerca de Tashi Nyima

I am a Dharma student, and aspire to be a companion on the path. I trust that these texts can offer a general approach and basic tools for practicing the Buddha's way to enlightenment. ||| Soy un estudiante del Dharma, y aspiro a ser un compañero en el sendero. Espero que estos textos ofrezcan a algunos un mapa general y herramientas básicas para la práctica del sendero a la iluminación que nos ofrece el Buda.
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Una respuesta a El filósofo y el barquero

  1. ¡Hermosísima parábola! Lo dice todo sobre el aprendizaje.

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