El Dharma y el sectarismo

dharma_wheel2Si observamos una representación gráfica de la rueda del Dharma, veremos que los radios de la rueda se proyectan desde el centro hacia el perímetro. La distancia entre dos radios adyacentes es mayor en el perímetro, y progresivamente se hace menor cuando los radios se unen en el centro.

Lo mismo sucede con el Dharma. Cuando somos principiantes (en el perímetro o la superficie de la rueda del Dharma), la distancia entre “nuestra” escuela y otra parece mayor. A medida que progresamos en el sendero del Dharma, la distancia se hace menor, y al llegar al centro nos damos cuenta de que no hay distancia alguna.

Además, la distancia entre el centro y el perímetro de un mismo radio es mayor que la distancia entre dos radios adyacentes. Lo mismo ocurre con los practicantes del Dharma. Hay mayor distancia entre un estudiante avanzado y un principiante de la misma escuela (en materia de conocimiento y práctica) que entre dos principiantes de diferentes escuelas.

No proponemos un acercamiento ecléctico al Dharma, como tampoco lo hicieron los Maestros del movimiento Rimé. Saltar entre diferentes radios (escuelas) es a la vez peligroso e ineficiente. Cada uno de nosotros debe recorrer su propio camino, y no el de los demás. Pero es necesario respetar todos los senderos, incluso (y tal vez especialmente) si no sentimos ninguna afinidad por ellos.

El Omnisciente Dolpopa nos enseñó: “En el Yonán no tomamos partidos —incluido el nuestro.” No significa esto que las enseñanzas de nuestra escuela nos son indiferentes, si no que una diferencia de visión no debe abocarnos al sectarismo.

El sectarismo es producto de las presentaciones necesariamente diferentes de la verdad absoluta. Cuando los Maestros ofrecen instrucción en el Dharma, sus enseñanzas no están contaminadas con el sectarismo. Con el pasar del tiempo, las normas recibidas a través de la sucesión discipular con respecto a la meta y el método para alcanzarla cambian según la mentalidad de la gente y las condiciones del entorno. Una norma aceptada por una comunidad no es necesariamente aceptada por otras.

Las comunidades desarrollan gradualmente un mayor respeto por sus propias normas y desarrollan aversión hacia otras comunidades, considerándolas inferiores. Estos síntomas sectarios se ven en todos los lugares desde tiempos inmemoriales. El sectarismo es prominente entre los principiantes y se encuentra en cierta medida entre los practicantes mediocres. Entre los practicantes avanzados, sin embargo, no hay rastro de sectarismo. Dice un viejo refrán de la India: “Cuando dos filósofos están de acuerdo, uno de los dos no es filósofo. Cuando dos santos están en desacuerdo, uno de los dos no es santo.”

Las diferencias que obedecen a lugares, tiempos, lenguajes, comportamientos, alimentos, vestidos, y características de las distintas comunidades se incorporan en las creencias y prácticas espirituales de sus miembros, y poco a poco hacen una comunidad tan completamente diferente de otra comunidad que incluso el reconocimiento de nuestra humanidad compartida puede desaparecer. Debido a estas diferencias, hay desacuerdo, interrupción de relaciones sociales, y conflicto, incluso hasta el punto de la lucha armada.

Apegarnos erróneamente a nuestra visión particular del Dharma es un gran peligro. Si este peligro no se evita, y el Dharma se corrompe, en lugar de ser beneficioso puede convertirse en una calamidad. Esta no es la intención de los Iluminados, ni de aquellos Maestros que han confiado en nosotros la transmisión de sus enseñanzas.

Debemos reconocer y evitar este peligro de la estrechez de miras, que se manifiesta en los círculos de la Sangha como una actitud de parcialidad extrema: la tendencia a formar apegos ilusorios a ‘nuestra’ escuela, y el rechazo de otros linajes budistas legítimos, catalogándoles de inferiores o incluso heterodoxos.

Es común que los adherentes menos avanzados de cada una de las escuelas cultiven este espíritu de sectarismo. A menudo, los monjes y discípulos laicos se niegan a asistir a las enseñanzas de maestros de otras escuelas. Se niegan a estudiar los textos de los grandes Maestros, simplemente porque pertenecen a otro linaje. En casos extremos, como en la persecución del siglo 17 del linaje Yonán en el Tíbet, se prohibió estudiar las enseñanzas de Dolpopa Sherab Gyaltsen, so pena de muerte o exilio.

Las actitudes sectarias pueden ser comunes, pero no son actitudes budistas. El gran Kongtrul Rimpoché dijo que una persona sabia tiene fe en las enseñanzas de todos los linajes, y ama el Dharma como la buena nodriza que amamanta a todos los niños a su cuidado. La mente de una persona sabia es vasta como el espacio, con cabida para muchas enseñanzas, reflexiones, y meditaciones.  

La diferencia entre el sabio budista y el budista sectario es como la que existe entre la inmensidad del espacio y la estrechez de un florero. El Buda Sakyamuni enseñó en el Vinaya y en varios sutras que quienes exaltan su propia escuela y desprecian los maestros, enseñanzas, y seguidores de otras escuelas generan gran daño para sí mismos y la comunidad budista en su conjunto.

Si despreciamos otra escuela budista, desdeñamos al Buda e impedimos la transmisión del Dharma. La presencia del Dharma se ve amenazada por tal actitud, y podemos llegar a separarnos de su corriente. Esto es así porque nuestros votos de Refugio se fundamentan en la confianza en el Buda, sus enseñanzas, y la Noble Asamblea. Si rechazamos el Dharma de otros, violamos nuestro voto de Refugio y nos separamos del Dharma propio. Al rechazar el Dharma, el único portal a la felicidad propia y de todos los seres, acumulamos un karma negativo inagotable.

El Buda enseñó que no debemos despreciar tampoco el dharma de otras tradiciones ajenas al budismo, ya que es la fuente de felicidad y beneficio para innumerables seres. No debemos despreciar las doctrinas de los hindúes, judíos, cristianos, musulmanes, u otras comunidades, porque esta actitud de apego a ‘nuestro partido’ es perjudicial para la cultivación espiritual.

Como estudiantes del Dharma, la fe en las enseñanzas del Buda debe llevarnos a renunciar a las distracciones, los delirios, y los excesos del mundo, y a dirigir nuestros esfuerzos a purificar la mente de obstáculos, oscurecimientos, y actos negativos. Debemos esforzarnos por manifestar el mérito y conocimiento de nuestra esencia búdica, para beneficio propio y de todos los seres. Esta es la verdadera misión de cada budista. Nuestra tarea no es reñirnos o competir con otros practicantes, creando obstáculos para ellos y para nosotros mismos. La riña y la competencia no forman parte de nuestros votos de Refugio, los votos de Bodisatva, u otros votos superiores.

La fe es el fundamento del Dharma. La fe en la autenticidad y la verdad de las enseñanzas budistas, y la confianza en la eficacia del sendero a la iluminación, nos motiva a aceptar el compromiso de los votos. Si rechazamos el Dharma de otros budistas, destruimos nuestro propio compromiso con el Dharma, nos alejamos de las enseñanzas, y generamos obstáculos para su difusión y recepción. Destruimos la piedra angular de nuestra cultivación espiritual.

Por estas razones, siempre debemos tener en cuenta el gran valor del Dharma, propio y ajeno. Debemos rechazar en nosotros mismos y en los demás cualquier actitud que promueva la disminución de la fe. Debemos esforzarnos siempre por cultivar una fe pura, una fe inteligente y reflexiva, con las Tres Joyas como el fundamento de nuestras aspiraciones de manifestar plenamente la iluminación.

Sin duda, es natural y necesario que desarrollemos una afinidad especial por una escuela específica, un sistema particular de práctica, un grupo allegado de practicantes, y un maestro personal. Pero al hacerlo, debemos examinar nuestra mente y eliminar cualquier sentimiento de desprecio o aversión hacia otras escuelas del budismo. No debemos menospreciar sus enseñanzas o sus maestros. Cada vez que actuamos por apego a nuestra propia escuela, o rechazamos las enseñanzas y maestros de otras escuelas, participamos en esta actitud nociva del sectarismo.

El sectarismo convierte el Dharma en veneno. En esta vida se verán frustrados nuestros esfuerzos en el sendero, y al morir caeremos en los reinos inferiores. Estas son las consecuencias de detestar las creencias y prácticas de los demás con una mente estrecha. Evitemos caer en esta actitud nociva que genera obstáculos a nuestro propio desarrollo en el Dharma.

Por el contrario, esforcémonos por mantener una fe pura en todas las manifestaciones de las Tres Joyas, sin importar si están representadas en una escuela del budismo o en otra. Cuidemos con esmero nuestros votos de Refugio, y avancemos con ecuanimidad en el sendero del Dharma.

Así me enseñó mi Maestro, y así enseñaba el Buda.

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Acerca de Tashi Nyima

I am a Dharma student, and aspire to be a companion on the path. I trust that these texts can offer a general approach and basic tools for practicing the Buddha's way to enlightenment. ||| Soy un estudiante del Dharma, y aspiro a ser un compañero en el sendero. Espero que estos textos ofrezcan a algunos un mapa general y herramientas básicas para la práctica del sendero a la iluminación que nos ofrece el Buda.
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Una respuesta a El Dharma y el sectarismo

  1. justo estaba leyendo cómo surgen las sectas. El enfoque que das en esta publicación, redondea mi idea.
    Gracias. Estuvo muy interesante.

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