El pez y la tortuga

Related imageHabía una vez un pez. Y por ser pez, había vivido toda su vida en el agua y no conocía absolutamente nada de otra cosa que no fuese el agua. Y un día, mientras nadaba en el estanque donde había pasado todos sus días, se encontró con una tortuga  que recién regresaba de una breve excursión.

“¡Buenos días, Doña Tortuga!” dijo el pez. “Hace tiempo que no le veo. ¿Dónde ha estado?”

“Oh”, dijo la tortuga, “he estado en tierra firme.”

“¡En tierra firme!” exclamó el pez. “¡Qué disparate! No hay tal cosa como tierra firme. Nunca la he visto. La tierra firme no existe.”

“Bueno,” dijo la tortuga de buen talante. “Si quieres pensar así, estás en tu derecho; nadie lo puede impedir. Pero, de todos modos, he estado en tierra firme.”

“Oh, vamos,” dijo el pez. “Tratemos de ser razonables. ¿Cómo es esa tierra firme? ¿Es completamente húmeda?”

“No, no es húmeda,” dijo la tortuga.

“¿Es clara y transparente, y permite pasar la luz?” preguntó el pez.

“No, no es clara y transparente. No permite pasar la luz,” dijo la tortuga.

“¿Es suave y fresca, y se puede nadar en ella?”

“No, no es suave y fresca. No podrías nadar en ella.”

“¿Se mueve y fluye en corrientes?”

“No, ni se mueve ni fluye en corrientes.”

“¿Algunas veces se levanta en olas y se hace espuma?” preguntó el pez, impaciente.

“No.” contesto la tortuga sinceramente. “Nunca se levanta en olas ni se hace espuma, que yo haya visto.”

“Pues ya ve usted,” exclamo el pez, triunfante. “¿No le dije que esa tierra firme de la que habla no existe? Le he preguntado, y acaba usted de confirmar, que no es húmeda ni fresca, ni clara ni suave, ni fluye en corrientes, ni se levanta en olas. Y si no es así, ¿cómo puede existir?”

“Bueno, bueno”, dijo la tortuga, “si te empeñas en pensar que la tierra firme no existe, supongo que tendrás que seguir pensando así. Pero quienquiera conozca lo que es agua y lo que es tierra dirá que eres sólo un pececito tonto.”

Y la tortuga siguió su camino, dejando atrás al pececito en su pequeño estanque, y se marchó a hacer otra excursión a la tierra firme que no existe….

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Fugaces

6293648019_9960e0aa7e_bSi guardamos unas gotas de agua en una vasija de barro, se evaporarán rápidamente. Si las vertimos en el Ganges, se unirán armoniosamente en un solo sabor con el río y nunca se secarán.

Así también, una vez reconducimos nuestras vidas, fugaces con la tara de la muerte, y nos refugiamos en la Vida Infinita, sin principio ni fin, ya no hay nacimiento ni muerte.

̶ Ippen Shonin

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Es pura, es nueva

30531001_1804154642950002_157876306241912832_nLa iluminación perfecta se purifica y extiende espontáneamente.

No hay mundo que la contenga. No hay vida que la concluya.

No hay enseñanza que la defina. No hay memoria que la establezca.

Porque es pura, es nueva y siempre debe redescubrirse.

Porque se extiende, nace constantemente en formas momentáneas, sus transiciones, y sus cualidades.

—Késar de Ling

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La buena amistad

Image result for buddha with householdersEn las aldeas y pueblos donde habiten, los legos se asocian, conversan, y discurren con otros legos y sus descendientes, sean jóvenes y cultos,  o mayores y cultos, fieles, virtuosos, generosos, y sabios.

Actúan con la fidelidad de los fieles, con la virtud de los virtuosos, con la generosidad de los generosos, y la sabiduría de los sabios.

Así es la buena amistad.

̶ Buda Sakyamuni

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Lo sé

Image result for buddhaSé que voy a envejecer; no puedo evitar el envejecimiento.

Sé que voy a enfermar; no puedo evitar la enfermedad.

Sé que voy a morir; no puedo evitar la muerte.

En todo lo que quiero habrá cambio y separación.

Soy dueño de mis acciones; las acciones son mi piel.

No importa cuántas acciones realice, buenas o malas, experimentaré sus efectos.

—Buda Shakyamuni

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Certeza

30708836_1329670870465718_186955725916864512_nEstamos rodeados de compasión y sostenidos por la bondad de todos lados. Esto no es ni sueño infundado ni piedad vana. Aceptamos refugio en el Buda, el Dharma, y la Noble Asamblea —socorro permanente y sin tacha.

Si así lo deseamos, podemos preocuparnos por las situaciones que confrontamos en el camino, pero no es ni útil ni preciso. Todo cuanto sucede nos acerca a la liberación y la iluminación, si lo hacemos parte del sendero. El corazón que desea el bien universal es infalible.

Al desarrollar certeza mediante la práctica de la tranquilidad y la comprensión profunda, los atisbos de realidad, como los proverbiales fragmentos de un mosaico, gradualmente producen una visión estable, mas nunca estática. Una vez la visión es ancha y profunda, podemos observar el continuo mental y conocer la interdependencia de todos los fenómenos.

La enseñanza esencial de todos los Budas es que Ellos no son únicos. Todos los seres pensantes somos fundamentalmente iguales: todos somos libres; todos iluminados.

Amideva es el nombre por el que nos llamamos a nosotros mismos, despertando a esa naturaleza perfectamente iluminada. om amideva hrih 

El miedo no existe y la esperanza ya no es necesaria.

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¿Dónde?

Related imageDonde hay apego, hay pesar; donde hay apego, hay temor.

Donde no hay apego, no hay pesar. Entonces, ¿dónde hay temor?

Donde hay pasión, hay pesar; donde hay pasión, hay temor.

Donde no hay pasión, no hay pesar. Entonces, ¿dónde hay temor?

Donde hay afán, hay pesar; donde hay afán, hay temor.

Donde no hay afán, no hay pesar. Entonces, ¿dónde hay temor?

—Buda Sakyamuni

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Sin culpa

Image result for la culpaBien sea que culpemos a los demás o nos culpemos a nosotros mismos, la emoción negativa que acompaña la culpa no es hábil ni virtuosa. Culpar no es sólo el acto de asignar responsabilidad por una consecuencia indeseable, sino que también imputa maldad o intención negativa al actor de los hechos.

La ley del karma, según la enseño el Buda Sakyamuni, va más allá de los conceptos humanos de la moral, el bien y el mal, la verdad y el error. Es sencillamente el reconocimiento de que toda causa produce un efecto. La gravedad no tiene la intención de hacernos caer cuando tropezamos; el fuego no tiene la intención de quemarnos cuando acercamos la mano a una llama.

Cuando el agua entra en contacto con una superficie, la superficie se moja. No culpamos al agua por mojar la superficie —esa es su naturaleza. Igualmente, cuando nuestra ignorancia sobre la naturaleza del ser y los fenómenos, y nuestras emociones afligidas (el apego, la aversión, y la indiferencia) ocasionan que actuemos de manera inexperta, no hay por qué culpar ni condenar.

El propósito de reconocer la ley del karma no es punitivo, sino instructivo. Cuando comprendemos que existe una relación de causa y efecto entre nuestros actos y las consecuencias que experimentamos, quedamos libres de la falsa creencia de ser víctimas. No vivimos en un universo caótico donde el mal nos acecha sin razón. Somos libres de hacer camino propio, corregir errores, y salir adelante.

No estudiamos el karma para identificar las causas específicas por las cuales algo negativo sucede. Ese ejercicio es inútil. Comprendemos la ley del karma para empeñarnos en crear causas positivas y eficaces en nuestra experiencia.

La ley del karma, de las causas y sus efectos, no nos conduce a la recriminación, la culpa, y la condena. Por el contrario, nos invita a aceptar nuestra capacidad de ser libres del sufrimiento y sus causas, y aceptar la felicidad y sus causas.

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Pensamiento mágico

Related imageAlgunas personas consideran que los rituales son eficaces por sí mismos ―es decir, las palabras y actos que constituyen el ritual se consideran efectivos, independientemente de otras causas y condiciones, e incluso (o especialmente) en situaciones en que las causas y condiciones no son favorables.

Para algunos, la pronunciación cuidadosa de los mantras y el minucioso respeto a las indicaciones sobre gestos y procedimientos (la exactitud ritual) conducen al éxito. Los rituales operan si se respetan las formas, independientemente de las cualidades de quienes las realizan. Los encantamientos y los hechizos se consideran eficaces si se utilizan las sustancias indicadas y se sigue al pie de la letra la ceremonia (estilo Harry Potter). Muchos ‘New Agers’ piensan que si visualizan sus deseos, los declaran, y los afirman frecuentemente, ‘el universo’ se los ofrecerá en bandeja de plata…

En el budismo Yonán (maha madhyamaka), los ritos no tienen nada en común con esas creencias erradas. Los mantras no tienen poder intrínseco, y no hay objetos ni procedimientos inherentemente sagrados. El ritual es simplemente un vehículo para manifestar la intención del practicante. Es la mente la que se transforma con el ritual, y no el mundo externo.

Utilizar el ritual adecuadamente como un medio hábil para profundizar y sostener la intención es muy diferente a creer en su eficacia independiente, que no es más que mera superstición y pensamiento mágico.

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Las emociones son nuestras

Related imageLa mayoría de las personas tenemos el hábito mental de considerar que nuestras emociones tienen causas externas. Por ejemplo, decimos que “ella me irrita,” “él me hace feliz”, “eso me aterra.”

Sin embargo, aún un examen superficial es suficiente para comenzar a entender que ella, él, y eso no pueden generar nuestras emociones. Primeramente, nuestras  emociones son estados mentales internos, inaccesibles a los demás. Y más importante aún es el hecho de que nuestras emociones son reacciones personales.

Veamos un ejemplo: un individuo entra a una habitación donde ya hay diez otras personas congregadas. De esas diez personas, seis conocen a este individuo con anterioridad. Entre esas seis personas que le conocen, cuatro le aprecian, y dos no.

Veamos ahora qué emociones pueden surgir en este escenario. Las cuatro personas que desconocen a este individuo probablemente tendrán una respuesta emocional neutral: permanecerán indiferentes a la entrada de este individuo a la habitación.

Las cuatro personas que aprecian al individuo probablemente no lo hacen con igual intensidad. Algunas, digamos tres, le quieren bien, pero no tanto como la otra. Esta última puede que se alegre enormemente de ver a este individuo, mientras que las otras tres sentirán un ligero entusiasmo.

Las dos personas a quienes el individuo desagrada también pueden sentir emociones de diferente intensidad. Una puede sentir un leve desagrado, mientras que la otra puede experimentar gran encono con la llegada de este individuo.

Ahora bien, tenemos aquí un individuo cuya llegada aparentemente es capaz de generar varias reacciones emocionales. ¿Es esto lógico? ¡Por supuesto que no! Si este individuo fuera en realidad el responsable directo de las emociones en estas diez personas —si el individuo fuera capaz por sí mismo de generar una reacción emocional particular— todas las personas en la habitación sentirían la misma emoción.

El recién llegado no es capaz de producir simultáneamente indiferencia, placer, felicidad, desagrado, y encono. Cada una de las personas en esa habitación es quien ha generado sus propias emociones.

Lo mismo es cierto de los objetos y situaciones en nuestra experiencia. Una canción particular aparentemente puede incitar indiferencia en unos, agrado en otros, gran felicidad en algunos, gran tristeza en otros, y desagrado intenso en algunos otros. ¿Es la canción la que genera por sí misma estas diferentes reacciones? No, son las experiencias previas, las disposiciones, y las tendencias de los oyentes las responsables de estas diferentes reacciones emocionales.

Poco a poco comenzamos a comprender que somos responsables de nuestras emociones, ya que somos nosotros quienes las generamos. Nadie, nada, ni ninguna situación puede hacernos felices, iracundos, o temerosos. Ninguna persona, ninguna cosa, ni ninguna situación externa tienen ese poder.

Nuestras emociones son nuestras. Somos nosotros mismos quienes las generamos y experimentamos —somos sus dueños. Y por tanto, también podemos dejarlas pasar.

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