La más infame

14485160_10210646578469443_1190138221336818538_n La más infame de todas las justificaciones arteras para el consumo de animales es alegar que el Buda Sakyamuni comía carne, y que murió al ingerir cerdo contaminado.

El término utilizado en el Mahaparinibbana Sutta (del canon Pali) para describir la comida que ocasionó la muerte al Buda es “sukara-maddava”, que significa literalmente “delicia para el cerdo”—una referencia clara a un tipo de hongo que gusta a los cerdos. El término en Pali para la carne de cerdo es “sukara-mamsa”.

Carolyn Rhys-Davids, quien fuera presidente de la Sociedad de Textos en Pali durante los años del 1923 al 1942, identificó claramente que esta traducción tendenciosa era equivocada hace ya más de siete décadas, pero los proponentes del carnivorismo continúan repitiendo esta falacia hasta el día de hoy.

A menos que uno desconozca por completo la lengua Pali, o tenga la intención expresa de difamar al Buda y Sus discípulos genuinos, es imposible aseverar que “delicia para el cerdo” es sinónimo de “carne de cerdo”.

Luego de mi parinirvana en la última era, varios adictos al placer aparecerán por doquier, engañando a la gente y predicando que se puede consumir carne animal y aun así alcanzar la iluminación. ¿Cómo puede una persona que pretende salvar a los demás, consumir la carne de otros seres sensibles?

—Buda Sakyamuni, Surangama Sutra

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Sin realidad

04_nagarjunaEl sueño no es real, y sin embargo,

creemos en la realidad de lo que vemos al soñar.

Al despertar, reconocemos la falsedad del sueño, y sonreímos.

De igual modo, quienes se encuentran en el sueño profundo de la ignorancia

se aferran a fenómenos inexistentes;

pero, cuando hallan el Sendero, en el instante de la Iluminación,

comprenden que carecen de realidad, y sonríen.

 

Por el poder del sueño, quienes duermen ven algo donde no hay nada.

Así mismo, por el poder del sueño de la ignorancia,

las personas creen en la existencia de fenómenos inexistentes:

el ‘yo’ y ‘lo mío’, macho y hembra, y demás falsedades.

 

Al soñar, disfrutamos, aunque no hay nada placentero;

nos irritamos, aunque no hay nada irritante;

nos asustamos, aunque no hay nada que temer.

 

Así mismo, los seres del triple mundo,

en el sueño de la ignorancia,

se irritan, aunque no hay nada irritante,

disfrutan, aunque no hay nada placentero,

y se atemorizan, aunque no hay nada que temer.

—Nagarjuna, Mahaprajñaparamitopadesa, c. XI

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La Promesa

15965386_1447079911969733_2372832296207968119_nSi, al alcanzar la Budeidad,

los seres sensibles de las diez direcciones

que sincera y serenamente confían en mí,

desean renacer en mi Tierra,

y recitan mi Nombre al menos diez veces,

no renacen allí, renuncio a la iluminación perfecta.

—Buda Sakyamuni, proclamando la Promesa de Amideva, Sutra de Sukhavativyuha

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Los pensamientos

AMIDA2Lo que pensamos y consideramos repetidamente, esa será la inclinación de nuestra mente.

Si pensamos y consideramos repetidamente la sensualidad, habremos abandonado el pensamiento de la renuncia para cultivar el pensamiento de la sensualidad, y entonces nuestra mente se inclinará hacia la sensualidad.

Si pensamos y consideramos la malicia y la crueldad, habremos abandonado la compasión y habremos cultivado la crueldad, y entonces nuestra mente se inclinará hacia la crueldad.

[…] Lo que pensamos y consideramos frecuentemente, esa será la inclinación de nuestra mente.

Buda Sakyamuni, Sutra de los dos tipos de pensamiento

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La Bondad

24174236_518444111852876_2037175900736355701_nSeamos diestros y rectos en conducta,

sinceros y amables al hablar,

humildes y sin presunciones,

contentos y fácilmente satisfechos,

con pocas preocupaciones,

y frugales en nuestras costumbres.

 

En paz, con calma, sabiduría, e ingenio,

sin orgullo ni exigencias,

nunca realicemos el menor acto

que los sabios nos deban reprochar.

 

Alegres y seguros,

que todos los seres vivan tranquilos.

Que todos los seres sin excepción

—sean débiles o fuertes,

grandes, poderosos, medianos, pequeños,

visibles e invisibles, cercanos o distantes,

nacidos y por nacer—

¡que todos vivan tranquilos!

 

No engañemos a ninguno,

ni le despreciemos por su condición.

No deseemos el mal para nadie,

con ira ni malicia.

 

Así como una madre protege con su vida

a su hijo, su único hijo,

con un corazón inmenso,

amemos a todos los seres sensibles.

 

Irradiemos bondad al mundo entero

hacia arriba hasta los cielos,

y hacia abajo hasta las profundidades,

hacia fuera y sin límites,

libres del odio y la animosidad.

 

De pie, caminando, sentados, o acostados,

sin cansancio,

recordemos esta instrucción.

Este es el estado sublime.

—Buda Sakyamuni, Maitri Sutra

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Todos

24296438_163707830904852_2170102453579145184_nQue todos sean sanos y fuertes.

Que todos sean felices y serenos.

Que todos tengan amparo y seguridad.

Que todos tengan dicha y bienestar.

om amideva hrih

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Visiones diferentes

study-head-symbol-300x300Las distintas visiones budistas de la realidad no compiten las unas con las otras, ni se refutan.

Son indispensables en varios momentos, y para personas diferentes. Son necesarias mientras son útiles.

Hay una progresión ordenada, que pasa del realismo Vaibhasika, al realismo sutil Sautrantika, y la vacuidad intrínseca Madhyamika, hasta reconocer la vacuidad extrínseca de la visión Maha Madhyamika.

Si nos apegamos a estas etapas como “La Verdad”, perdemos la visión, y nos aferramos a una creencia ciega.

tadyatha om gate gate paragate parasamgate bodhi svaha

OM, es así: ¡Allá, allá, más allá, perfectamente más allá, a la iluminación!

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Libre

dolbuddhaLa base de la purificación es el conocimiento universal fundamental, que es como el cielo.

El objeto de la purificación son las manchas incidentales, que son como las nubes.

El agente de la purificación es la verdad del sendero, que es como el viento inexorable.

El fruto de la purificación es el resultado separado, que es como el cielo, libre de nubes.

—Kunchen Dolpopa, El cuarto concilio

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En un instante

maitripinart1Para manifestar un estado emocional, desarrollas un patrón:

  • prestas atención a una sensación (agradable o desagradable) y la magnificas
  • generas y te identificas con un diálogo interior que sustenta la emoción
  • asumes una respiración y una postura compatibles con ese estado emocional

Si deseas cambiar tu estado emocional en un instante, cambia la atención, el diálogo interior, la respiración, y la postura.

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La bendita soledad

23794996_1487047348010452_4173467289550141130_nEstar solo puede ser maravilloso, pero no cuando nos sentimos solos. Especialmente durante fiestas y celebraciones familiares, podemos sentirnos aislados y sin amor, ignorados y sin importancia. Podemos llegar a sentir que el fluir de la convivencia social nos ha pasado de largo —o peor aún, podemos sentir como si nos ahogásemos en un río de momentos sin propósito.

Estar solo puede ser un dato circunstancial, pero sentirse solo es siempre una emoción afligida. Sentirse solo es una interpretación, una proliferación conceptual basada en una experiencia dada. Es la elaboración del significado que imponemos sobre nuestras circunstancias.

Habituados a la idea de nosotros mismos como el centro, y las criaturas de nuestro universo como seres atados a esa centralidad, es difícil aceptar que los mundos (las personas y objetos) de nuestro sistema solar puedan alejarse de la influencia de nuestra gravedad —ver cómo sus órbitas se expanden, se distorsionan, y por último van migrando hacia otros soles.

Interpretamos esta migración natural de nuestros seres queridos hacia otras relaciones o lugares como un abandono. Podemos generar resentimiento ante su ingratitud real o aparente, o podemos dirigir ese resentimiento contra nosotros mismos, sintiendo vergüenza al no poder mantener a nuestros satélites en órbita, o culpándonos por empujarlos a marcharse.

El Buda nos enseñó: “Todos los que viven, necesariamente mueren, y todos los que se juntan, se separan.” De una u otra forma —al transitar caminos distintos, o mediante la muerte— todos los seres que conocemos y atesoramos se ausentarán de nuestras vidas, o nos ausentaremos nosotros de las suyas. El resentimiento, la vergüenza, y la culpabilidad no son reacciones razonables y adecuadas ante la realidad. Estar solo es una bendición. Sentirse solo es una maldición auto-infligida.

Los seres humanos —y especialmente aquellos con intereses espirituales— pasamos por cuatro etapas en la vida: aprender, producir, retirarse, y trascender. Cada etapa tiene sus dichas y sus penas, sus retos y recompensas. Tiene su momento y su lugar.

Estar solo es un componente esencial de la tercera etapa de la vida. Sin experimentar la soledad, no podemos comenzar el proceso de introspección profunda que nos permite reconocer la realidad tal como es, y prepararnos a trascender en paz este mundo de sufrimientos. Si nos mantenemos inmersos en el barrunto y el drama de las relaciones interpersonales, nos veremos impedidos de contemplar nuestra mortalidad, y no podremos prepararnos para la próxima etapa de nuestra experiencia.

No todos los seres humanos pueden beneficiarse del mismo grado de soledad. Si necesitamos compañía, entonces debemos procurarla. Si la familia no está próxima, disponible, o emocionalmente asequible, entonces debemos procurar desarrollar amistad con otras personas de nuestra misma etapa en la vida, con valores e intereses espirituales similares. Si no tenemos esas amistades aún, y su compañía es importante para nosotros, debemos encontrarles. Existen. Tal vez debamos buscarles intensamente, pero a la larga les encontraremos. Lamentar nuestra soledad no es útil.

Sin embargo, cuando les encontramos, debemos evitar cuidadosamente restablecer los patrones de conducta de las etapas previas con nuestros amigos espirituales. Caminemos adelante juntos, retirándonos del drama de la dualidad, sin regresar a una etapa que ya no es posible ni deseable.

Así como los amantes jóvenes buscan juntos la soledad, lejos de los demás, atesorando su intimidad, ahora debemos cultivar la compañía de nuestra luz interior, nuestra Naturaleza Búdica, cuya presencia permanente hemos ignorado por largos años, pero nunca nos abandona —nuestra madre cariñosa, nuestro fiel amante, nuestro hijo filial, nuestro amigo verdadero.

Este es el momento de atesorar esa intimidad, sin el ruido y la distracción de las multitudes.

om amideva hrih

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